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Esta frase se ha atribuido a varias personalidades políticas del siglo XIX de muy distinta significación: a don Antonio Cánovas del Castillo, al general don Ramón Narváez, a don Francisco Silvela -del cual tantas frases ingeniosas han quedado- y a otros políticos, tanto del partido conservador como del liberal. No obstante, parece ser que la pronunció el general Leopoldo O'Donnell, duque de Tetuán, en pleno Parlamento. Así, por ejemplo, Mariano Pardo de Figueroa, aquel erudito y castizo que firmaba "Doctor Thebussem", contemporáneo del general ya que había nacido en 1828, en su libro "Primera ración de artículos", escrito en 1861, dice: "Quizás por esto y por aquello, y por lo de más allá, daría el general O'Donnell su famosa definición de España llamándola "presidio suelto". No hay necesidad de criticar semejante frase. Parece ser que lo malo brilla más que lo bueno y que más hacen tres chillando que trescientos callando". También en su libro "Segunda ración de artículos", escrito en 1869, vuelve a repetir esta aseveración: "Ni una voz que yo sepa se ha levantado pidiendo el servicio gratuito de los cargos públicos, ni la rebaja de sueldos y pensiones, ni la renuncia de grados militares. El general O'Donnell dijo una vez en pleno Parlamento que España era un presidio suelto". El general Leopoldo O'Donnell fue un bizarro militar, presidente de la Unión Liberal y, cuando estuvo en el poder esta partido, fue presidente del consejo de ministros. Sobre todo el quinquenio de 1858 a 1863 en que gobernó se caracterizó por la estabilidad política, consecuencia de la prosperidad económica (ferrocarriles, obras públicas, etc.) y fueron quizá los años de mejor gobierno del azaroso reinado de Isabel II. Su frase, de un atroz pesimismo, es síntoma de las desesperanzas que le produjeron sus experiencias políticas no sólo con Isabel II, sino también con el díscolo pueblo español.
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