|
Un matemático pasea por el campo, sin nada que hacer, aburrido. Encuentra a un pastor que cuida un numeroso rebaño de ovejas, y decide divertirse un poco a costa del paleto. - Buenos dias, buen pastor. - Buenos dias tenga usted. - Solitario oficio, el de pastor, ¿no? - Usted es la primera persona que veo en seis días. - Estará usted muy aburrido. - Daría cualquier cosa por un buen entretenimiento. - Mire, le propongo un juego. Yo le adivino el número exacto de ovejas que hay en su rebaño, y si acierto, me regala usted una. ¿Qué le parece? - Trato hecho. El matemático pasa su vista por encima de las cabezas del ganado, murmurando cosas, y en unos segundos anuncia: - 586 ovejas. El pastor, admirado, confirma que ése es el número preciso de ovejas del rebaño. Se cumple en efecto el trato acordado, y el matemático comienza a alejarse con la oveja escogida por él mismo. - Espere un momento, señor. ¿Me permitira una oportunidad de revancha? - Hombre, naturalmente. Pues ¿qué le parece, que si yo le acierto su profesión, me devuelva usted la oveja? - Pues venga. El pastor sonrie, porque sabe que ha ganado, y sentencia: - Usted es matemático. - ¡Caramba! Ha acertado. Pero no acierto a comprender cómo. Cualquiera con buen ojo para los números podría haber contado sus ovejas. - Sí, sí, pero sólo un matemático hubiera sido capaz, entre 586 ovejas, de llevarse el perro.
|